
No importa como fue mi día. El siempre está esperándome, cueste lo que cueste.
Aunque no le prestes atención, aunque el trabajo y la rutina me mantengan de mal humor el me recibe con alegría, con su cola inquieta, sus ladridos de felicidad y su mirada pétrea sobre mi.
Es compañero siempre y en todos lados. Aquella tarde confundido entre montañas y lagos lo vi parado, erguido mirando hacia adelante como si mirara el futuro, que tan poco le importa.
Me tire al suelo y y fue el modelo perfecto.