
Ya pasaron aquellos días de fútbol y basquet en la corredera de Ferro. Y aunque nos sigue uniendo tantos años vividos juntos, el amor por la música, Star Wars y las reuniones interminables, hoy hay algo más importante. Se llama Dante y me está mirando.
Las mayorías de las fotografías son fortuitas. Es el encuentro de algo de experiencia del fotógrafo con las intenciones del fotografíado y mucha, mucha suerte.
Ese dia Dante estaba tranquilo y mientras Pablo lo acomodaba sobre su pecho me dió esos grandes ojos verdes ¿grises?. Le hablé y la mantuvo, le seguí hablando y la siguió manteniendo.
No paré de disparar sabiendo que en algún momento la tranquilidad del momento pasaría por el lente y quedaría guardado.