
Es mentira que una foto vale más que mil palabras y muchas veces una sola foto no sirve para mostrar algo intenso y profundo.
Tener tres niños en un estudio es algo parecido al infierno. Corren, gritan, piden, piden, piden.
Uno se siente cansado aún antes de empezar. Pero siempre hay un momento en donde se logra el silencio y madre e hija se miran y varias fotos logran una buena imagen.